martes, 30 de abril de 2013

POESÍA. "Cuando empecé a caer". Enric López Tuset (Tarragona, 1983)

Enric López Tuset

CUANDO EMPECÉ A CAER
Cuando empecé a caer
nuevos sacramentos se inventaron para mí.
Entonces, amé el tuétano que soporta al viento:
me enseño a partir desde los ojos hacia sentidos presentes.
Caí y no supe de alabanzas ni de incertidumbre,
aún menos de las concesiones del infierno en un silencio caduco.
Sólo mantener el orden del fuego, del animal que nunca existió,
mantener tanta lluvia bajo mi pecho extinto,
y no supe acercar mi cuerpo hacia tanta espera.
Vivir en la caída, por útil que parezca,
no me dejó perpetuarme, condenado, en la suavidad.
Sólo avanzar el océano a la indiferencia.
Acercar mi mano al hueso, al valle,
al sueño colmado de ausencia y lluvia:
fue acercar este alud de fuego
a la misericordia y al miedo.

PRENSA CULTURAL. Sobre el nuevo libro de Francisco Rodríguez Adrados

El ensayista Francisco Rodríguez Adrados. / ÁLVARO GARCÍA ("El País")

   En "El País":

“La literatura está siendo arrinconada”

Francisco Rodríguez Adrados, último Premio Nacional de las Letras, rastrea en su nuevo ensayo las fuentes comunes de la ficción europea lejos de nacionalismos

 Madrid 22 ABR 2013

Francisco Rodríguez Adrados tiene 90 años y la energía de un becario. En noviembre recibió el Premio Nacional de las Letras y en marzo viajó a Grecia para dictar la conferencia inaugural del congreso de historia de la lengua griega; los jueves acude a la Real Academia Española y los viernes a la de la Historia, de las que es miembro. Honores aparte, en una mesa de su casa madrileña tiene las galeradas de una nueva edición de la Ilíada –obra de un colega- que corrige estos días y junto al televisor, un ejemplar de El río de la literatura (Ariel), el libro de 600 páginas que acaba de publicar y que él describe como “de pensamiento, no de erudición” pero cuya ambición está bien reflejada en su subtítulo: De Sumeria y Homero a Shakespeare y Cervantes.
Si se piensa que Adrados ha escrito en la última década libros como El reloj de la historia (Homo sapiens, Grecia Antigua y Mundo Moderno)Nueva historia de la democracia o Historias de las lenguas de Europa se entiende la amplitud de intereses de este sabio nacido en Salamanca en 1922. En su opinión, el “núcleo central” de la literatura universal está en el “corredor” que forman Egipto, Oriente próximo, Grecia, Roma, la Edad Media europea y las literaturas europeas y americanas modernas. Pero matiza: “Ese ‘río’ no es el único en el mundo, pero es el que más ha influido, el más globalizado”. Catedrático emérito de Filología Griega de la Universidad Complutense, Adrados es consciente de que su manera de estudiar la literatura contrasta con la tendencia a hacerlo embalsando las aguas de ese ‘río’ en los pantanos del nacionalismo decimonónico: “Es imposible dominarlo todo, pero está claro que la literatura occidental tiene una fuente común: la oralidad”.
La épica, la lírica y la literatura sapiencial son los tres géneros esenciales desde Sumeria, un “agregado de ciudades” cuyo idioma fue la lengua culta del Próximo Oriente -“como el latín en la Edad Media”- y cuya literatura –con el Poema de Gilgames como cumbre- contiene ya muchos temas aún vigentes: del origen del mundo al amor pasando por las fábulas (campo en el que Adrados es una autoridad mundial). Hace 40 años se publicó su pionero estudio Fiesta, comedia y tragedia –enseguida traducido al inglés-, y algunas de sus ideas vuelven a recorrer ahora El río de la literatura. Sobre todo la central: si el origen de la literatura es oral, el origen de la oralidad es la fiesta: “En ella se mezclaban imitaciones, ritos y deporte”. La palabra, insiste, iba acompañada de música y danza. “Lo del autor encerrado en su despacho destilando sus sentimientos es muy posterior, aunque hubiera un Ahikar asirio, un Ptahhotel egipcio o un Homero griego (si es un nombre real). En la fiesta el sentimiento es de todos. Es difícil de entender con la sacralización actual de la autoría y de la originalidad, pero es así”. Según su autor, El río de la literatura trata de contextualizar piezas que hemos conocido aisladas: “Cuando hablamos de literatura oral con poemas, fábulas o representaciones dramáticas, desgajamos esa pieza del entorno en que nació. Es inevitable pero empobrecedor, como si arrancásemos una escultura de la fachada de una catedral y la viéramos aislada en un museo”.

Tal vez vivamos una decadencia, pero puede nacer algo grande
Para este helenista que recuerda su primer viaje a Grecia en 1953, la cultura griega es el gran hito por lo que tiene de resumen de lo anterior –Egipto, Sumeria- y de vanguardia: “La literatura occidental es como una carrera ciclista. Avanza en grupo pero a veces alguno salta del pelotón: esos que saltan son los griegos. Ellos inventaron el individuo humano. En el comienzo de la Ilíada se ve cómo a Agamenón le dicen todas las verdades en asamblea, como si fuera el parlamento de aquí. Aquello asustaba a la gente. Tanto que la palabra democracia estaba prohibida en la Edad Media”.
Según el profesor Adrados, no solo los argumentos y los géneros de la literatura son constantes, también lo son sus ciclos. Por eso subraya el paralelismo entre la Antigüedad y el Medievo: al origen oral le siguió un esplendor de la escritura que terminó en decadencia (“cae el imperio romano, se rompen las comunicaciones, las lenguas vernáculas se imponen al latín, desaparece la gran tragedia, los cristianos vetan los géneros eróticos…”). La Edad Media empezó con la oralidad popular y rehízo el mismo camino. “Parecía que de tanto avanzar se había llegado al comienzo”, resume Adrados. “Se dio una terrible estratificación social. La alta literatura se refugió en las bibliotecas. La gente común no leía, le bastaba con la Historia Sagrada esculpida en los templos”.

La tecnología ha acostumbrado a la gente a mensajes pequeños
Vista la actualidad de un resumen así, ¿vivimos una nueva Edad Media? “No quiero ponerme fúnebre”, responde Rodríguez Adrados. “Se siguen haciendo grandes librotes, pero el influjo de los medios electrónicos ha acostumbrado a la gente a mensajes pequeños, más concentrados, tal vez más frívolos. La literatura nace de la fiesta, pero ahora siempre es fiesta. En la fiesta usted se viste de otra manera, come y bebe de otra manera, puede hacer bromas sobre el vecino.... La fiesta era un descanso y una liberación. Ahora, como decía Larra, todos los días son carnaval. Ese chisme [dice señalando al televisor] es pura fiesta. La literatura era fiesta y ayudaba a vivir; ahora la literatura está siendo arrinconada”.
Adrados asume que el libro “se enfrenta hoy a la competencia de medios que requieren menos esfuerzo”, pero su conocimiento del pasado le impide ser lapidario respecto al futuro: “Tal vez vivamos una decadencia desde el punto de vista de la literatura antigua, pero puede nacer otra gran literatura. Antes la literatura popular era para las masas y la culta, para gente con cierta formación. Hoy la culta podría llegar a todos pero los niveles de enseñanza han bajado. Eso es lo preocupante”. La escritura no acabó con la oralidad ni la imagen con la escritura, recuerda. “La Iglesia se carga el teatro pero renace al cabo de los siglos; la épica había desaparecido y en el XIX resucita en cierta novelística, en Gogol, por ejemplo. La naturaleza humana es muy fuerte. Todo lo que prohibieron los cristianos –las instituciones políticas libres, los baños, el desnudo, el deporte- volvió al cabo de mil años. Ahí están”.

PRENSA. Viñeta de EL ROTO

   En "El País" (24 marzo 2013): EL FALSO PASTOR.

PRENSA. "El instituto en la tableta". Reportaje

Clase de primero de ESO del instituto público Santamarca, de Madrid, donde está en marcha el proyecto iDEA. / LUIS SEVILLANO ("El país")

   En "El País":

El instituto en la tableta

Una plataforma integra las herramientas digitales en la escuela alrededor del libro de texto

Alumnos y docentes enriquecen y comparten los contenidos

 Madrid 28 ABR 2013

“A ver, ¿qué es esto que hacéis con las tabletas?”. Varias chicas de primero de la ESO (12-13 años) levantan la mano. “Pues aquí tenemos los libros, hacemos los trabajos y los mandamos. Y los profesores nos envían actividades...”, contesta una. “¿Y os gusta?”. Los muchachos asienten en general, pero un alumno al fondo de la clase añade: “Bueno, a veces cuando vas a mandar el trabajo no tienes wifi y te ponen un cero”. Todos ríen y la tutora de la clase, Mar Merino, sale al quite: “Pero sabes que después eso se arregla”. Al parecer, cuando eso ocurre, los chavales hacen un pantallazo (una foto de la pantalla) con la hora para demostrar después que el encargo estaba hecho a tiempo.
Esta es la clase del instituto público Santamarca, en el barrio madrileño de Chamartín, en la que se ha implantado este curso el proyecto piloto de Universo iDEA, una plataforma creada por la Fundación Albéniz que intenta integrar todos los recursos digitales de enseñanza que suelen estar dispersos —en distintos formatos, diseños, marcas y tecnologías—, alrededor del libro de texto.
Esa es quizá la gran novedad de este sistema: es una base tecnológica en la que cualquier editorial puede colocar sus libros; cada colegio, cada profesor, elige, y después los padres lo compran; igual que con los libros de papel. Así, alrededor del libro de texto se inserta todo lo demás: un banco de recursos vinculado a los temas; los sistemas clásicos de comunicación digital entre docentes y alumnos, o los de gestión docente (de asistencia, control de notas, etcétera).
Las familias, cuando abonan el libro, pagan también todo lo demás, la plataforma y el mantenimiento (cada editorial, de momento son cinco, llega a un acuerdo con iDEA para colocar sus textos en el sistema). Antonio González, director del proyecto, explica que otro punto de partida fue que el gasto fuera, como máximo, el mismo que con los libros de papel, aunque calcula que podría llegar a ser un 10% o un 15% más barato. Tanto González como Vicente Ferrer, vicepresidente de la Fundación Albéniz, insisten en que la clave es dar una herramienta única, pero flexible, para normalizar el trabajo con nuevas tecnologías en las aulas.
Los centros, por su parte, necesitan acceso a Internet (no hace falta que sea muy bueno, porque se puede trabajar offline, sin conexión, e ir actualizando contenidos periódicamente) y pizarras digitales. La docente de Ciencias Naturales Mar Merino cuenta que a ella le cuesta ir subrayando sobre la pizarra digital —“A veces lo tacho”—, pero que para los alumnos, con la tableta, es más fácil. Al final de la clase los estudiantes pueden guardar en su tableta esa página que han ido retocando en sus libros, o la imagen de las anotaciones que ha ido haciendo la profesora en la pizarra.
Todo se puede ir enriqueciendo, cuenta Merino con notas, con páginas externas, fotografías... “El otro día hicieron un vídeo con la tableta en laboratorio, sobre la disección de un corazón”, explica. Merino, que lleva 32 años dando clase en centros públicos, dice que estos recursos pueden enganchar y motivar más a los chavales, por ejemplo, para investigar por su cuenta: “Te sorprenden muchas veces, que vienen y te dicen: ‘Mira, profe, la foto que he encontrado de lo que vimos ayer”.
Uno de los principales resultados de la encuesta hecha en los tres centros del proyecto piloto (el Santamarca, el Arturo Soria, también de Madrid, y el Alquibla, en Murcia) es que los docentes opinan que la herramienta facilita una enseñanza participativa e individualizada y, así, atender mejor “a los alumnos con dificultades o necesidades especiales”. Merino insiste, en todo caso, en que los alumnos siguen teniendo cuadernos de papel y que no todo en clase se hace con las tabletas.
El coste de estas, que corre a cargo de las familias, es una preocupación para esta docente. Aunque este año son todas Samsung (que junto a la Fundación Albéniz y la editorial Pearson impulsa el proyecto piloto), en el futuro puede ser una fuente de diferencias entre los alumnos que puedan comprar el modelo más moderno y los que apenas puedan llegar al más barato.
Ana Espada, una de las coordinadoras de iDEA, explica que la plataforma se puede usar con todo tipo de dispositivos, incluidos los ordenadores miniportátiles. Esos en que, en los últimos años, el Gobierno central hizo una gran inversión (también en conexiones a Internet y pizarras digitales), y están en muchísimas clases de toda España, aunque el Gobierno actual clausuró el proyecto (Escuela 2.0) el año pasado. Los profesores se conectan desde el ordenador en clase, en casa, desde el móvil...
El proyecto seguirá adelante el curso que viene en más clases en los tres centros piloto y quizá en algunos más en Murcia, aunque la directora del Santamarca, Ana Rodríguez, advierte de que llegar a implantarlo en todo un centro es algo que hay que pensar a medio plazo. De momento, la encuesta a profesores, alumnos y padres da buenos resultados. “La prueba de si hemos alcanzado o no los objetivos que nos propusimos estará en función de la utilidad social que tenga nuestra propuesta”, dijo el viernes la presidenta de la Fundación Albéniz, Paloma O’Shea.

lunes, 29 de abril de 2013

POESÍA."Ítaca", de Konstandinos Kavafis (29 abril 1863-29 abril 1933)

Kavafis

   Hoy hace 150 años del nacimiento (y 80 de la muerte) de Konstandinos Kavafis. 
   Ítaca es uno de sus poemas más conocidos.

ÍTACA

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.
Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña

POESÍA. "Ánima". Enric López Tuset (Tarragona, 1983)

Enric López Tuset

ÁNIMA
Del mismo modo, a media noche, brota el mar soñoliento
como te evoco a ti, como en ti desato ahora mi torpe alma.
Después me parecerá que todo se ha vendido, que todo yace delicado
en un banquete de cercanías incluso cuando no te vi llegar.
Si quiere, lo trágico puede arrancar de las estrellas su sombra,
su desarraigo inmortal hacia la profundidad,
donde las estancias velarán en silencio esperanzas prolongadas.
Si pudiera permitírmelo remontaría al frío,
a las mil llagas de la rosa caída
y no sentiría la agitación de las horas, el arduo vacío de la posibilidad.
Sería formidable poder vivir del amor, llegar a casa,
contestar a cierta pregunta sin oler el humor de la tensión:
puro amor, puro abismo que llora la verdad.
El término sabe la verdad, el camino sabe la verdad, ¿qué verdad?
¿Cuánto bosque ha de morir para que nada termine?
Buscamos la claridad cuando la pasión se apaga encadenada,
cuando entregamos en un cesto el nombre del cordero muerto.
Justamente es aquí donde dieron fruto las voces, la rudeza del peso,
el conjunto del secreto.
Son horas de beber lo intangible
y sólo me aventuro a un tilo cruzado por un halcón ausente,
a las notas que durmieron sin dar respuesta.
Es poco exhaustivo para el vértigo, para el pánico,
pero le sirve al amor propio,
le sirve al deslumbramiento para arremeter contra nada.
El milagro una sola vez, la existencia una sola vez;
los dedos mueren en solitario.

PRENSA CULTURAL. Sobre "Las poseídas", novela de Betina González. PRIMERAS PÁGINAS


   En "El Día de Córdoba":

La vida en caída libre

La argentina Betina González sortea los estereotipos de las historias sobre colegios de monjas y logra con 'Las poseídas', premio Tusquets, un relato de perturbadora complejidad
BRAULIO ORTIZ | ACTUALIZADO 24.03.2013López, como tantas adolescentes, se siente inadaptada; no le atraen las fiestas, las escapadas a la playa o los chismes sobre chicos con los que se entretienen sus compañeras en el colegio privado en el que estudia. Su hábito de refugiarse en los libros le ha valido el privilegio de la invisibilidad, y la vida ocurre a su alrededor sin que a ella le produzca demasiada inquietud esa exclusión, que incluso contempla con la altivez de los desclasados. Pero el ingreso en el centro de Felisa Wilmer acabará con ese estado de invulnerabilidad. La recién llegada, una joven oscura y de pasado misterioso que procede de Londres, la escoge como compañera de un viaje emocional que supondrá para la protagonista un impactante despertar al mundo, "el comienzo de la vida verdadera". Las poseídas, la obra con la que Betina González logró el premio Tusquets, un relato ambientado en la Argentina que ha dejado atrás la dictadura militar, podría haber sido la narración consabida de la opresión en un instituto católico, el relato de la perplejidad que sucede a un periodo brutal, pero gracias a la inteligencia de su autora el lector siente una amenazaconstante que va más allá de esos elementos. Su ficción toma recursos de la literatura gótica -hay espíritus, locura, muertes en un campanario- para proponer un original descenso a las zonas oscuras de lo humano. 

"Esas referencias al gótico fueron algo muy deliberado. Iba a hacer una novela de adolescentes, y ¿cómo narrar ese período, ese sentimiento de estar poseída por tus propias emociones? Intenté hacer literal esa metáfora, y eso me llevó al gótico", cuenta González, que eligió seguir esa estela "porque fue un movimiento en contra de la razón del iluminismo. La invención de lo monstruoso se hizo con la intención de responder a esas convicciones, era un modo de decir que el ser humano no se puede conocer tal como la ciencia supone", argumenta la bonaerense. 

Las poseídas fue la elegida de un jurado compuesto por Juan Marsé, Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez, Fernando Aramburu y Beatriz de Moura, que entre los hallazgos del libro cayeron seducidos por la destreza "con que la autora teje una trama que combina géneros y elementos diversos". La novelista sí tuvo "muy presente" que la suya sería "una novela de iniciación que apelaría a otros géneros", aunque, admite, "un escritor, en realidad, controla su libro hasta cierto punto. Después entraron en la obra cosas que aparecieron y me gustó controlar menos. Cortázar decía que si le preguntas a alguien qué libro está haciendo, y esa persona te lo puede contar de principio a fin, será aburridísimo. Partes de ciertas ideas, pero vas llegando a otras, y eso es bonito". 

González se negó a edulcorar los comportamientos de las chicas: no son meras víctimas de un sistema despiadado. Tal vez porque quería "desmontar los estereotipos de siempre, sobre lo que hacen las chicas, las relaciones entre ellas", la narradora reconoce que hay momentos en que sus personajes exhiben una actitud "sofisticada y cruel", pero no se atreve a concluir que "a esa edad las chicas son más complejas que los chicos. Si lees El guardián entre el centeno, hay también ahí complejidad", analiza. 

Uno de esos estereotipos que afronta González desde una lucidez desconcertante es el de laprimera vez: López, la narradora, pierde la virginidad en una expedición a un colegio militar, un trámite que ella reconstruye con una frialdad que evita la trascendencia que otros le otorgan. "Sólo me resta decir que no, no fue como una mazorca, ni como un miembro pulsante, ni mucho menos como un palo enjabonado, todas imágenes absurdas que sólo se encuentran en los libros. En lugar de sentirme llena o completa, en lugar de ser una concavidad eterna y defectuosa, como me lo habían anticipado en tantas páginas, sólo me confirmé perfectamente vacía", relata el personaje. La autora ahonda más tarde en esa visión desmitificadora. "Está en la fantasía de las chicas la primera vez, pero creo que en la cultura se ha fomentado una especie de romanticismo alrededor del tema. Y a mí no me interesa el realismo, ésta no es una novela entendida como espejo, por eso uso un procedimiento casi de hipérbole, y se muestra el sexo con la oscuridad que tiene, haciendo énfasis en eso". 

Donde no quiere hacer hincapié González es en el momento histórico, que sirve como trasfondo y que contagia a los personajes el descreimiento y la desazón. "Los de mi generación vivimos un poco la dictadura, y crecimos en la democracia con la paradoja de que ya no podíamos creer en las consignas y las banderas que defendían los jóvenes de los 70. Había una idea de derrota, de farsa, con un país que había aniquilado a toda una generación de jóvenes, y frente a eso estaba la imposibilidad de una lucha colectiva", valora la escritora, que ha incluido en su obra "momentos de destrucción, muy punk" cuando Felisa y López invaden una casa y destruyen cuanto encuentran en ella. 

González halló la inspiración hace años leyendo Los hermosos años del castigo, de Fleur Jaeggy, cuando entendió que nadie había contado en español "el mundo de humillaciones y oscuridades" que rodea un colegio de monjas. "Pero hay algo que no he comentado en otras entrevistas: hay mucha belleza en los textos católicos, desde la Biblia hasta las obras de San Agustín o Santa Teresa. No todo lo relacionado con ese mundo es sufrimiento y represión, alguien que se está formando como lectora puede acceder ahí a un universo fascinante. Cuando era chica leía historias de santas, quizás no de manera muy devota, sino como si se tratara de relatos de terror". 

A González le ha coincidido la promoción de su libro con el nombramiento de un Papa argentino, y asegura que no tiene "una opinión formada sobre él, ni puedo sumarme al debate que hay en torno a su pasado. Cualquier religión tiene derecho a hacer lo que quiera, pero el problema es que la Iglesia tiene mucho poder en la sociedad argentina, y en la española, y es la responsable de muchos estereotipos y roles de género. Me gustaría ver un Papa más abierto en esos ámbitos. Tal vez lo sea: le podemos dar el beneficio de la duda", concluye.
PRIMERAS PÁGINAS DE LA NOVELA

PRENSA CULTURAL. "Non serviam!". Fernando Savater

Fernando Savater

   En "El País":
 9 ABR 2013 

Parece que la eficacia es ahora el único principio moral que nadie se atreve a discutir. Si debatimos sobre la pena de muerte o la tortura, por ejemplo, la argumentación de fondo suele centrarse en si “sirven o no sirven”. Apelar a más elevados ideales es perder el tiempo. Una vez que logramos demostrar —acudiendo a estadísticas o cualquier otro testimonio supuestamente objetivo— que la una no disminuye la tasa de crímenes o que la otra no garantiza confesiones veraces, la ética está de nuestro lado. Si fracasamos en el empeño, los “realistas” tienen ganada la partida… y la buena conciencia les corresponde con su premio. Lo bueno, sin más, no sirve pero lo que sirve es siempre bueno.
En el terreno educativo triunfa también la misma visión servicial del mundo. Hubo una película española, creo que protagonizada por Gracita Morales, que se llamaba Las que tienen que servir. Bueno, pues ahora los que tenemos que servir somos todos… y todo. Los estudios tienen que ser rentables laboralmente o se convierten en pérdidas de tiempo injustificables. La curiosidad intelectual o el afán de conocer no bastan para legitimar los años y los gastos invertidos en cualquier esfuerzo académico. En el fondo, ése es el verdadero problema de la universidad actual, bajo las pautas abierta o encubiertamente mercantilistas dictadas por Bolonia. Me parece la queja general que subyace los testimonios recogidos en el muy interesante volumen La universidad cercada (ed. Anagrama), compilado por Jesús Hernández, Álvaro Delgado-Gal y Xavier Pericay, en el que colaboran figuras tan destacadas de nuestros centros superiores de enseñanza como Roberto Blanco Valdés, Francesc de Carreras, Carlos García Gual, Román Gubern, Jordi Llovet, Gabriel Tortella y otros de no menor fuste. El objetivo de los planes de estudio viene dictado hoy en gran medida por las exigencias de las empresas que pueden ofrecer colocación a los graduados. La investigación no directamente instrumental —es decir, “humanista” en el sentido amplio del término sea de ciencias o de letras— resulta algo anticuado o indebidamente aristocrático…
Algunos impenitentes agradecemos a Nuccio Ordine, excelente editor de las obras de Giordano Bruno entre otros méritos, su manifiesto L’utilité de l’inutile (Les Belles Lettres) en el que repasa las opiniones de filósofos y escritores sobre la importancia de seguir tutelando en escuelas y universidades ese afán de saber y de indagar sin objetivo inmediato práctico en el que tradicionalmente se ha basado la dignitas hominis. No sólo en occidente, también en testimonios de Okakura Kakuzô o Chuang Tzu. Su alegato se completa con otro publicado en los años treinta por el científico norteamericano Abraham Flexner, que reivindica también para las ciencias llamadas “duras” la misma libertad inquisitiva que habitualmente parece reservada solo al arte y los saberes filosóficos o literarios. Su lectura me recordó la respuesta de Niels Bohr al preguntarle para qué podía servir la nueva visión de la física que proponía: ¿Y para qué sirven los recién nacidos?
Se nos quiere encerrar en una fórmula reductiva de lo práctico, ignorante de que existen tareas intelectuales sumamente provechosas aunque no sean rentables. Por ejemplo: si lo único que indudablemente tenemos los europeos en común es la gran literatura, frente a rivalidades históricas y desencuentros económicos, ¿no sería provechoso introducir un estudio serio y común de nuestros clásicos en todos los bachilleratos europeos? Se dirá que en estos tiempos de crisis no hay dinero para financiar ensoñaciones. Pero ¿no es la mentalidad mercantil y el apego a lo bursátil lo que nos ha empujado hasta la situación presente? ¿Es prudente sacrificar a esa tendencia la educación, en especial la universitaria, en vez de intentar trascenderla? En su ensayo de 1930 Posibilidades económicas para nuestros nietos, escribió John Maynard Keynes: “La avaricia es un vicio, la potenciación de la usura es una culpa, el amor por el dinero es despreciable (…). Volveremos a apreciar de nuevo los fines por encima de los medios y preferiremos lo bello a lo útil”. ¡Ojalá el gran economista fuera profético también en este punto!

PRENSA. Viñeta de Forges

   En "El País" (26 abril 2013):

viernes, 26 de abril de 2013

POESÍA. "Tan distantes van los barcos esta noche...". Natalia Menéndez (Avilés, 1973)

Natalia Menéndez

Tan distantes van los barcos esta noche...

Tan distantes van los barcos esta noche 
que se adivinan dormidos 
como soñar un misterio. 
Si aquel día dentro de lo posible 
con los ojos velados en la habitación oscura 
me hubieses nombrado, 
si en aquel desvelo hubieses comprendido el 
abrazo de las tierras agrestes de mi torpeza, 
infinita, como sembrar un planeta, 
si tú supieras o hubieses sabido 
cuántas esquinas como aquella 
he de doblar para encontrarte, 
si aquel día imperfecto 
tú no la nombras o me nombrases. 
Regresa herido el tiempo que todo lo descubre 
como un rostro inoportuno 
para gemir con tu recuerdo clavado en mi espalda 
para gemir sin tu sombra. 

PRENSA CULTURAL. "Memoria crítica". Antonio Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina

   En "El País":

Memoria crítica

El saber mejora y libera, la ignorancia embrutece

 26 MAR 2013

En España algo que nunca ha faltado son los defensores de la ignorancia. Tradicionalmente, solían pertenecer a los gremios más reaccionarios, y por lo tanto más interesados en la sumisión analfabeta de las mayorías. Nada como la ignorancia para asegurar la fe en los milagros y la reverencia hacia los terratenientes, y para asegurarles a estos las masas de jornaleros dispuestos a trabajar a cambio de salarios de limosna en sus latifundios, y en caso necesario a dejarse poner uniformes y a servir de carne de cañón en las guerras, marcando el paso en los desfiles ante el Santísimo y la bandera a los sones de un pasodoble patriótico. Predicadores de los catecismos socialistas utópicos del siglo XIX alentaban con una misma elocuencia las cooperativas obreras y la instrucción pública, y las primeras mujeres rebeldes que reclamaban la igualdad con valentía inaudita celebraban el aprendizaje y el conocimiento como herramientas necesarias para conseguirla.
Los socialistas y los anarquistas competían fieramente y a veces violentamente entre sí, e imaginaban paraísos obreros incompatibles, pero tenían en común una pasión idéntica por la educación. El saber mejoraba y liberaba; la ignorancia embrutecía. La reacción levantaba iglesias, cuarteles, conventos, plazas de toros; ser progresista —noble palabra liberal que en nuestra juventud quedó encogida y amputada y caricaturizada en el término “progre”— significaba, prioritariamente, levantar escuelas e institutos de enseñanza media desde los cuales irradiara el entusiasmo del conocimiento, la eficacia práctica y cívica de la racionalidad. Aprender mejoraba la vida de las personas y fomentaba la prosperidad del país, al permitir el despliegue colectivo de las formas más variadas del talento individual. En medio de las nieblas místicas del 98, inteligencias tan apegadas a la realidad de las cosas como la de Joaquín Costa, Giner de los Ríos y Santiago Ramón y Cajal proponían remedios muy semejantes para sacar al país del atraso y la abismal injusticia: escuela y despensa, regadíos, preparación técnica y científica, trabajo fértil y no humillante, estudio. A la II República le dio tiempo a hacer pocas cosas, pero algunas de las prioritarias fueron las escuelas y los institutos, y unos planes de bachillerato tan rigurosos que ni el franquismo pudo desguazarlos del todo. Que los matarifes del ejército sublevado en julio de 1936 se dieran tanta prisa en ejecutar a los maestros de escuela es el indicio de otro orden de prioridades.

Una de las sorpresas más desagradables de la democracia fue que la izquierda abandonara su viejo fervor por la instrucción pública
Una de las sorpresas más desagradables de la democracia fue que la izquierda abandonara su viejo fervor por la instrucción pública para sumarse a la derecha en la celebración de la ignorancia. Y así se ha dado la paradoja de que al mismo tiempo que se cumplía el sueño de la escolarización universal triunfaba una sorda conspiración para volverla inoperante. La izquierda política y sindical decidió, misteriosamente, que la ignorancia era liberadora y el conocimiento, cuando menos, sospechoso, incluso reaccionario, hasta franquista. En otra época los argumentos contra el saber oscilaban entre un amor roussoniano por el niño como buen salvaje y una afición maoísta por convertir la mente en una pizarra en blanco en la que se inscribirían con más facilidad las consignas políticas. Ahora, como no podía ser menos, los celebradores del analfabetismo feliz echan mano de las nuevas tecnologías: ¿Quién necesita aprender nada, si todo el conocimiento está fácilmente, risueñamente disponible, con solo teclear en un teléfono móvil? Gracias a Internet, ejercitar y alimentar la memoria es una tarea tan obsoleta como aprender a cazar con arcos y flechas. Lo que hace falta no es embutir en los cerebros infantiles o juveniles “contenidos” que en muy poco tiempo se quedarán anticuados, y a los que en cualquier caso se puede acceder sin ninguna dificultad, sino alentar “actitudes”, otra palabra fetiche en esa lengua de brujos. Que el niño no aprenda, sino que aprenda a aprender, repiten, que desarrolle su creatividad, espíritu crítico, a ser posible transversalmente, etcétera.
Tanta palabrería de sonsonete científico encubre nociones extraordinariamente primitivas sobre la inteligencia y sobre la memoria: como si ésta fuera un fardo que pesará más cuanto más se cargue en ella, un almacén en el que los conocimientos aguardan a ser reclamados, como se recupera un archivo en un ordenador. Ni la curiosidad, ni el espíritu crítico, ni la tan celebraba creatividad se sustentan en el vacío. En los estudios más competentes sobre el funcionamiento de la inteligencia creativa se descubre cada vez más el valor de lo que se llama “working memory”: la memoria que trabaja, la memoria activa, la que compara ágilmente una experiencia inmediata con otras anteriores o con ejemplos aprendidos en los repertorios culturales, la que al poner juntos elementos en apariencia lejanos entre sí descubre conexiones y posibilidades nuevas. Es una poderosa y muy bien adiestrada memoria visual la que permite a un artista vislumbrar lo excepcional en lo común, lo semejante en lo que parecía diverso —y también a distinguir entre lo verdaderamente nuevo y la moneda falsa de la moda, y a saber que en la plena originalidad hay siempre un fondo inmemorial de experiencia del mundo—.

Que tanta información sea ahora accesible es una razón para instruirnos en el rigor del conocimiento, no para desdeñarlo como innecesario
El conocimiento histórico o científico no son fardos inertes que estarán esperando a ser consultados en la Wikipedia, igual que un aparador inútil que acumula polvo en un guardamuebles. Lo que sabemos del pasado sucede en el presente, porque nos ayuda en la tarea imperiosa de intentar comprenderlo, y por lo tanto nos pone en guardia contra las manipulaciones y los groseros embustes a los que son tan aficionadas las castas políticas y los ideólogos. Sin una conciencia histórica informada y activa no hay manera de valorar lo que sucede ahora mismo, porque no hay términos de comparación con lo que sucedía hace muy poco o hace mucho; y tan necesaria como la conciencia histórica es un grado solvente de conciencia geográfica: la idea tribal de que el lugar de uno es el centro del mundo tendrá menos fervorosos adeptos si en la escuela y en el instituto se enseña la amplitud y la variedad de los paisajes y de las formas de vida.
Que tanta información sea ahora inmediatamente accesible es una razón más para instruirnos en el rigor del conocimiento, no para desdeñarlo como innecesario: igual que la sensibilidad literaria se educa leyendo, y el oído escuchando, y la mirada viendo arte, la inteligencia crítica se afila aprendiendo a distinguir la información sólida y contrastada de la propaganda, el bulo y la calumnia. El saber despierta el apetito de saber más; la ignorancia sólo alimenta ignorancia y desgana.
En la izquierda, cualquier crítica del estado actual de la educación activa como un anticuerpo la acusación de nostalgia del franquismo. La derecha se ríe con esa sonrisa cínica del ministro de Educación: ellos van a lo suyo, a desmantelar lo público y favorecer los intereses privados y el dominio de la Iglesia, y en cualquier caso siempre tienen medios para costear estudios de élite y másteres a sus hijos. Es la clase trabajadora la que paga el precio de tantos años de despropósitos. De nuevo la ignorancia es el mayor obstáculo para salir de la pobreza. Quizás no falta mucho tiempo para que aparezcan de nuevo visionarios que vayan predicando por los barrios populares la utopía liberadora de la instrucción pública.
www.antoniomuñozmolina.es

PRENSA. CIENCIA. "La 'vida' cumple 60 años". Reportaje

Crick y Watson en el laboratorio Cold Spring Harbor. / COLD SPRING HARBOR LABORATORY ("El país")

   En "El País":

La vida ‘cumple’ 60 años

La doble hélice de ADN descubierta por Watson y Crick en 1953 ha transformado radicalmente la investigación biomédica y ha impulsado la medicina personalizada

 24 ABR 2013

“Nunca he visto a Francis Crick comportarse con modestia”. Esa fue la frase con que la pareja científica de Crick, James Watson, decidió arrancar La doble hélice, uno de los libros científicos más notables del siglo XX, y seguramente la obra de divulgación más rompedora de la —no muy larga— historia de la ciencia. La modestia, por cierto, tampoco ha sido nunca el fuerte de Watson, pero ¿quién puede ser humilde tras haber descubierto a los 25 años el secreto de la vida?
La doble hélice no es solo uno de los iconos más populares de la ciencia del siglo XX —quizá solo comparable a la ecuación de Einstein E=mc2—, sino que también ha ejercido sobre generaciones de biólogos un magnetismo que no da signos de caducar aun hoy, cuando se cumplen exactamente 60 años de la publicación del descubrimiento en Nature.
En ese periodo, el descubrimiento de Watson y Crick ha transformado radicalmente la investigación biomédica y la biología en su conjunto. Hasta el minuto anterior a la publicación de ese paper, la genética era una disciplina tan compleja y farragosa que ni el mejor especialista del mundo habría podido presumir de dominarla. Hoy se le puede enseñar a un niño en cinco minutos.
El proyecto genoma humano y todo el resto de la genómica son la consecuencia directa de aquel artículo que cambió por entero nuestra percepción de la vida en la Tierra y de nosotros mismos. Continentes previamente inexplorados de aplicaciones tecnológicas, desde la producción industrial de insulina y hormona del crecimiento hasta las modernas estrategias de búsqueda de nuevos fármacos antitumorales pasando por el diagnóstico personalizado del cáncer, arrancan de aquella publicación engañosamente tímida. No habrá muchos trozos de papel que hayan transformado el mundo de manera tan radical.

Odile Crick fue la que dibujó a mano la famosa doble hélice del hallazgo
Las técnicas de análisis del ADN, y en particular el vertiginoso desarrollo y abaratamiento de los métodos de secuenciación (o lectura de los genes) han abierto también avenidas enteramente nuevas en disciplinas como la paleontología, que ha conocido en años recientes logros tan espectaculares como la reconstrucción del genoma del mamut, una especie extinta hace unos 10.000 años en las estepas siberianas, y del hombre de Neandertal, que desapareció en Europa hace 30.000 años; también la antropología o la medicina legal; y en el campo de la evolución, con verdaderos aludes de información genómica que están permitiendo a los científicos reconstruir el pasado del planeta y la deslumbrante historia del origen de la humanidad.
¿Qué ocurrió, entonces, hace 60 años?
A diferencia del irreverente, chispeante y procaz libro divulgativo de Watson, que es de 1968, el paper original del 25 de abril de 1953 constituye seguramente uno de los pináculos de la parquedad científica, incluso en comparación con otras obras de ese género gris y fatigoso, empezando a contar por su poco inspirador titular: “Una estructura para el ácido desoxirribonucleico”. Ni siquiera “La estructura del ácido desoxirribonucleico”. Tan solo una, una estructura, como quien dice una ocurrencia entre tantas otras posibles, como quien da a conocer con desgana una anécdota.
El ácido desoxirribonucleico, por cierto, es el ADN, el material del que están hechos nuestros genes. Las siglas no se llevaban mucho en la época, o no desde luego tanto como ahora. Tampoco es que desarrollar las siglas sea una gran ayuda en este caso, como puede verse.


Francis Crick (derecha) y James Watson posan en el laboratorio Cold Spring Harbor. / COLD SPRING HARBOR LABORATORY
Los historiadores de la ciencia se lo han pasado en grande con este paper, y por buenas razones. Por ejemplo, es escandalosamente breve: solo ocupa una página de aquel número 4.356 de la revista Nature, referencias bibliográficas incluidas (solo hay seis). Su única ilustración es de factura casera, literalmente: la dibujó a mano Odile Crick, la mujer de Francis, tras una somera descripción que le impartió este último en la salita de su casa de Cambridge.
Ese sencillo boceto de Odile, sin embargo, capta a la perfección los detalles estructurales esenciales de la doble hélice recién descubierta por Watson y Crick y en particular algunos de ellos que, aun hoy, se representan a menudo erróneamente en las ilustraciones populares y museísticas del ADN. Odile lo hizo mejor hace 60 años, como veremos enseguida.
Hélice no es más que el nombre matemático de un muelle, y la doble hélice consiste en dos muelles imbricados entre sí. Pero las dos cadenas no son paralelas, sino antiparalelas: si fueran dos serpientes, la cabeza de una pegaría con la cola de la otra. Sin la percepción de este hecho fundamental por Francis Crick, él y Watson no habrían llegado jamás a la forma correcta. Crick siempre consideró esta su gran contribución a la resolución de la estructura del ADN, y no es extraño que el dibujo de Odile deje bien claro este hecho con dos simples flechitas trazadas a mano.
Un hecho aún menos conocido es el resultado experimental en el que se basó esta capital intuición de Crick, que había sido obtenido poco antes por una tercera científica en discordia, la cristalógrafa de Londres Rosalind Franklin. El dato llegó a oídos de los dos científicos de Cambridge por un camino algo tortuoso, o al menos poco convencional: a través de las notas que Franklin había escrito para la memoria de su propia institución, el King’s College de Londres, que les fue facilitada a Watson y Crick por el jefe de Franklin, Maurice Wilkins.
También es verdad que ni Wilkins ni la propia Franklin habían otorgado la menor importancia a ese resultado; el dato de oro estaba sepultado entre varios estratos de jerga cristalográfica perfectamente inocua, y decía simplemente así: “grupo de simetría C1”. Hizo falta el genio de Crick para saltar de ahí a la percepción crucial de que el ADN estaba hecho de dos hélices antiparalelas. Solo así la doble hélice puede presentar esa simetría; en nuestro ejemplo de las dos serpientes, significa que da lo mismo mirarlas desde la cabeza de una (pegada a la cola de la otra) que desde la cola de la una (pegada a la cabeza de la otra).

Rosalind Franklin dio pie al descubrimiento antes de morir
Este episodio poco conocido se puede ver, junto con el resto de los acontecimientos que condujeron al mayor descubrimiento de la historia de la biología, en la dramatización Life Story, producida por la BBC en 1987. El aniversario de la publicación en Nature de la doble hélice podría ser una buena ocasión para estrenarlo en España 26 años después, aunque solo sea porque sale Jeff Goldblum haciendo de Watson, y una maravillosa Juliet Stevenson en el papel de Rosalind Franklin.
Lo más importante de la doble hélice, con todo, es lo que mantiene unida a una hélice con la otra, y esta fue la aportación crucial de Watson a toda esta historia. Ahí, en el exiguo espacio que los dos muelles antiparalelos dejan entre sí, es donde se apiñan todas esas letras (ctaccgata…) que ahora, con las noticias sobre los genomas apareciendo un día sí y otro no en la prensa mundial, se nos han hecho tan familiares como el alfabeto.
El nombre técnico de esas letras es bases, o nucleótidos, y son unas moléculas orgánicas muy simples que, en el ADN, solo vienen en cuatro sabores: adenina, guanina, timina y citosina, o A, G, T, C para abreviar. En la mañana de un sábado de febrero de 1953, Watson estaba jugando con las versiones en cartulina de esas cuatro fórmulas químicas cuando, de repente, se dio cuenta de que, en el interior de la doble hélice, la A solo podía aparearse con la T, y la G solo con la C.
Watson y Crick repararon de inmediato en que esas simples reglas de apareamiento —dictadas por la mera estructura química de las bases— bastaban para explicar de un plumazo la propiedad esencial de cualquier sistema vivo: su capacidad para sacar copias de sí mismo. Si la doble hélice se separa en sus dos hélices componentes, cada una puede reconstruir a la otra gracias a las reglas de apareamiento. La idea resultó enteramente correcta, y sobrevino la revolución.
La Academia sueca no estuvo especialmente rápida a la hora de reconocer el hallazgo, y el tiempo fue especialmente cruel con Rosalind Franklin, que murió de cáncer cuatro años antes de que su jefe, Maurice Wilkins, compartiera el premio Nobel de Medicina con Watson y Crick por el hallazgo del siglo al que tanto había contribuido.

Las cartas del Nobel

J.S.
Aunque la historia del descubrimiento de la doble hélice ha sido examinada exhaustivamente por los biógrafos de los protagonistas y otros historiadores de la ciencia, todavía siguen apareciendo de vez en cuando algunos documentos que iluminan ciertos ángulos del drama. La propia revista Nature presenta hoy unas cartas que hacen referencia a los prolegómenos de la concesión del Nobel de Medicina de 1962.
Una de ellas es de Jacques Monod y ha aparecido en los archivos del Instituto Pasteur de París, donde trabajaba el Nobel francés en los años cincuenta y sesenta. Monod se dirige al comité Nobel para nominar a James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins para el premio Nobel de Química de 1962. El comité le hizo caso solo a medias, pero en vez de ese les dieron el de Medicina y Fisiología, aparentemente para subrayar ya entonces las previsibles, y enormes, implicaciones que la estructura de la doble hélice iba a tener para la biología humana y la biomedicina.
El análisis de otra carta —esta vez de Crick a Monod y datada en 1961— demuestra que Watson y Crick fueron nominados por primera vez al Nobel en 1960, dos años después de la muerte de Rosalind Franklin. De no ser por aquella tragedia, la Academia tendría que haber elegido entre premiar a Franklin o a su jefe, Wilkins, como finalmente hizo.


Fuente: elaboración propia. / EL PAÍS

PRENSA CULTURAL. "Los profesores de literatura". Luis García Montero

Luis García Montero

   En "Público.es":
Los profesores de literatura

El mundo del libro está en crisis. Al calor del 23 de abril se dan cifran, se discute sobre los horizontes que abre la tecnología, se denuncian las repercusiones de las descargas ilegales y se ofrecen datos sobre los problemas que soportan editores, autores y libreros. También se publican listas de éxitos y se valora la festividad de San Jordi como una competición de ventas. Es sintomático que casi nunca se hable de los profesores de literatura.
La crisis golpea la industria editorial como ocurre hoy con cualquier industria. La incertidumbre económica y la política de recortes han hundido el consumo. Las inversiones públicas encargadas de mantener las bibliotecas y los centros de investigación disminuyeron tanto que ni siquiera resulta posible mantener las suscripciones de las revistas históricas. El panorama invita a la desolación. Las dificultades económicas, además, están acelerando la confusión entre la calidad literaria y los éxitos de ventas. Las obras comerciales llegan a tratarse en la prensa y en el mundo editorial con el respeto que antes se guardaba para el valor artístico e intelectual. En una realidad tan agobiada, el libro que se vende es un acontecimiento.
Pero no creo que todos los problemas se deban a la coyuntura de la crisis económica. Me parece que hay razones de más calado. La degradación cultural española, las invitaciones a un entretenimiento zafio y a un populismo capaz de enorgullecerse de su ignorancia, están dañando un tejido lector ya de por sí débil. La lectura como ejercicio cultural en las horas de ocio pide una relación especial con el tiempo, con las ideas de éxito o fracaso, con la realización personal y con el significado de la dignidad humana que empieza a escasear en los paradigmas sociales.
Escribo estas ideas tristes y enseguida tengo la sensación de estar convirtiéndome en un viejo cascarrabias, en alguien incapaz de entender un mundo joven. Tal vez se trate de un cambio de ciclo cultural, de una evolución positiva hacia un horizonte ante el que me siento desorientado. Es muy posible, pero en cualquier caso intuyo que en ese cambio de ciclo el lugar del libro está lleno de heridas. Y aclaro que mis palabras nada tienen que ver con la denuncia de la juventud, porque la mayoría de las decisiones que nos conducen por caminos que me inquietan las ha tomado gente mayor o muy mayor. El motivo último de preguntarnos si está bien lo que hacemos es la certeza de las dificultades laborales y humanas que sufre la juventud por culpa nuestra.
Los planes de estudio suponen la decisión más evidente sobre el futuro. ¿Qué lugar ocupa la literatura en los colegios y los institutos? Si pensamos en la crisis del libro, no está de más recordar –en medio de las celebraciones del 23 de abril y de las campañas oficiales de animación a la lectura- la pérdida radical de espacio que la literatura ha sufrido en ese horario escolar que luego contagia cualquier minuto y se extiende por todos los rincones de la vida. Ninguna campaña ocasional marcada por un día festivo en el calendario puede compensar la situación precaria de la literatura en los planes de estudio.
En el discurso pronunciado con motivo de la ceremonia del Premio Cervantes, José Manuel Caballero Bonald recordó al profesor del colegio de los Marianistas de Jerez que le dio en cuarto o quinto curso de bachillerato un florilegio con las aventuras más llamativas del Quijote. No supuso para él – según dijo- una lección prematura, sino una conmoción insospechada. Hablar aquí de emociones es muy pertinente porque el mundo de la lectura, según Caballero Bonald, implica la posibilidad de “reconocernos en los otros”. Leer facilita el aprendizaje de la sensibilidad y la imaginación moral que nos permite reconocer al otro (un protagonista literario, por ejemplo) como persona. Nuestra vida interior más decente surge al entender por dentro la humanidad de los demás, el dolor de los demás, sus ilusiones. La imaginación moral es también imprescindible a la hora de buscar alternativas.
Guardo pocas certezas sobre el futuro. Una de ellas es que la debilidad de la literatura en los planes de estudio simboliza los aspectos más negativos del mundo que se nos prepara. La aspiración de formar personas ha sido desplazada por el adiestramiento en una información seca al servicio de los mercados y de la servidumbre. En medio de esta inercia, los profesores de literatura son unos verdaderos resistentes cuando procuran contagiar el amor por los libros y por la imaginación. Su vocación les lleva a no dar la batalla por perdida. A ellos les pertenece el 23 de abril tanto como a los escritores, los editores, los bibliotecarios y los libreros.